sábado, 21 de marzo de 2026

La desgracia - Juan Bosch

 

 El viejo Nicasio no acababa de hallarse a gusto con el aspecto de la mañana. Mala cosa era coger el camino a pie y que le cayera arriba el aguacero y se botara el río y se llenara de lodo la vereda del conuco.

       Con aspecto de hambrientas, las pocas gallinas del viejo se metían al bohío, persiguiendo cucarachas, o irrumpían en la cocina, aleteando para treparse en las barbacoas en busca de granitos de arroz. Nicasio cogió una mazorca de maíz y se puso a desgranarla. Revoloteando y nerviosas, las gallinas se lanzaban a sus pies.
       Desde el patio vecino una voz de mujer gritó los buenos días; después asomó su rostro de cuatro líneas y el paño negro sobre la cabeza. Nicasio se fue acercando a la palizada.
       —¿No le jalla algo raro al día? —preguntó la mujer.
       Nicasio tardó en responder. Fumaba, mascaba un grano de maíz, y seguía atendiendo a las gallinas, todo a un tiempo.
       —Ello sí, Magina. Pa mí como que se va a poner un tiempo de agua.
       —Unq unq —negó ella—. Yo hablo de otra cosa. Me da el corazón que algo malo va a pasar. Anoche sentí un perro llorando.
       Nicasio espantó las gallinas, que saltaban sobre su mano. Tornó a ver el cielo. El camino del Tireo, rojo como la huella de un golpe, flaqueaba los cerros y se perdía en la distancia; encima se veían nubes cargadas.
       —Vea Magina —dijo Nicasio al rato—, no ande creyendo zanganá. Lo por que pué pasar es que llueva.
       La mujer no entendía bien a Nicasio. Cuando se quedan solos, los viejos se ponen raros y caprichosos.
       —¿Que llueva? —preguntó ella intrigada.
       —Sí, que llueva, porque el frijol no se pue secar y se malogra la cosechita. Tengo mucho bejuco cortao.
       Magina hubiera querido contestar que el bohío de Inés no quedaba muy lejos del conuco de su padre, y que bien podía éste llevar allí los frijoles para que no los dañara la lluvia; pero se quedó callada porque Nicasio parecía no ponerle atención. Estaba empezando el sol a subir; sobre los firmes de la loma la luz se debatía con el peso de las nubes, y Nicasio observaba hacia allá. Magina lo veía con placer. Había algo simpático y viril en aquel hombre, acaso los negros ojillos llenos de vigor o el blanco bigote hirsuto. Años antes, cuando vivía la mujer de Nicasio, ella se dio cuenta de que le gustaba su vecino; pero él nunca le dijo nada, tal vez porque la difunta andaba muy enferma... Ya no podía ser. Había pasado el tiempo y los dos se habían ido gastando poco a poco... Alzó la voz:
       —Lleve el bejuco al bohío de su hija
       Él se volvió repentinamente a la mujer.
       —¿Cómo voy a trepar esa loma cargao, Magina?
       Eso dijo; pero en realidad no era por la loma por lo que no llevaba el bejuco a casa de Inés. Lo cierto es que a Nicasio no le gustaba visitar a nadie. Iba a ver a la hija sólo cuando le quedaba en camino de alguna diligencia. Le agradaba ver a los nietos; pero no se hallaba bien en casa ajena.
       —Ahora le traigo café —oyó decir a Magina.
       Observando cómo el sol despejaba por completo las nubes, esperó un rato. Llegó la mujer con el café; se lo tomó en dos sorbos; después dijo adiós, y de paso por el bohío tomó el machete y un macuto. Magina le vio tomar el callejón y salir a la sabana con paso rápido, y pensó que el viejo estaba fuerte todavía, a pesar de su pelo cano y de sus dientes gastados y negros. Cuando Nicasio desapareció entre los matorrales frente al pinar, Magina volvió a su cocina. “Ojalá y no llueva”, pensó con cierta ternura. Después se puso a hervir leche y no se acordó más de su vecino.
       Nicasio empezó a sentir el sol en la subida del Portezuelo. Se dijo que ese sol tan picante era de agua, y lamentó haber salido. Pero era tarde para volver atrás. Chorreaba sudor cuando llegó al conuco. Comenzó a trabajar inmediatamente, porque sabía que iba a llover; podía apostar pesos contra piedras a que llovería, y deseaba tener cortado todo el bejuco de frijol antes de que cayera el agua.
       No lo logró, sin embargo. Cayeron unas gotas pesadas, gruesas, a seguidas se desató un chaparrón. Nicasio recogió los bejucos que tenia cortados, los llevó a un rincón y pensó buscar hojas de plátanos para cubrirlos; pero no había tiempo. El chaparrón degeneró en aguacero violento, que azotaba árboles y tierra. Nicasio tuvo que meterse bajo un árbol. Vio el agua descender en avenidas, rojiza y más abundante cada vez. En diez minutos toda la loma estaba ahogada entre la lluvia, y no era posible ver a cinco pasos.
       —Tendré que dirme pa onde Inés —dijo Nicasio en voz alta.
       Con esas palabras pareció conjurar a los elementos. Se desató el viento; comenzó a oscurecer, como si atardeciera. En un momento el conuco parecía un río.
       Nicasio cruzó los brazos y echó a andar. Trepar la loma era difícil. Resbalaba, afincaba el machete en tierra, se agarraba a los arbustos. Inés vivía arriba, totalmente arriba. A Nicasio le parecía una locura de Manuel hacer el bohío en lugar tan extraviado. En tiempos de agua, sólo así, para buscar abrigo, podía nadie ir a casa de Manuel.
       Había pasado la hora de comer cuando el viejo alcanzó el bohío. La puerta que daba al camino estaba cerrada. Del lado del patio comenzó a ladrar un perro. Nicasio se fue corriendo bajo el alero, pues la lluvia seguía cayendo con todo su vigor, y cuando pasó por el aposento que daba al lado del patio sintió ruido y voces, palabras dichas en tono bajo. La puerta de la cocina sí estaba abierta, y el viejo saludó antes de entrar. Junto al fogón se hallaba el nieto, que le pidió la bendición de rodillas. Nicasio le miró. Era triste el niño. Tendría seis años. Se le veía el vientre crecido, el color casi traslúcido, los ojos dolientes.
       —Dios lo bendiga —dijo el abuelo.
       Detrás del fogón estaba la niña. Era más pequeña, y con su trenza oscura repartida a ambos lados del cuello y su expresión inteligente parecía una mujer que no hubiera crecido. Nicasio sonrió al verla.
       —¿Y tu mama? ¿Y Manuel? —preguntó.
       —Taita no ta —dijo el niño.
       A Nicasio le resultó sorprendente la respuesta de niño porque había oído voz de hombre en el aposento.
       —¿Que no? —preguntó.
       El nieto le miró con mayor tristeza. Siempre que hablaba parecía que iba a llorar.
       —No. El salió pa La Vega dende ayer.
       Entonces Nicasio se volvió violentamente hacia el bohío, como si pretendiera ver a través de las tablas del seto.
       —¿Y tu mama? ¿No ta aquí tu mamá?
       Se había doblado sobre el niño y esperaba ansiosamente la respuesta. Deseaba que dijera que no. Le ardía el pecho, le temblaban las manos; los ojos quemaban. No se atrevía a seguir pensando en lo que temía. Afuera caía la lluvia a chorros. Con un dedito en la boca, la niña miraba atentamente al abuelo.
       —Mama sí ta —dijo la niña con voz fina y alegre.
       —Ella ta mala y Ezequiel vino a curarla —explicó Liquito.
       La sospecha y el temor de Nicasio se aclararon de golpe. Llevaba todavía el machete en la mano, y con él cruzó el patio lleno de agua. El perro gruñó al ver al viejo. Con andar ligero, Nicasio entró en el bohío, caminó derechamente hacia el aposento y golpeó en la puerta con el cabo del machete. Oyó pasos adentro.
       —¡Abran! —ordenó.
       Oyó a la hija decir algo y le pareció que alguien abría una ventana.
       —¡Que no se vaya ese sinvergüenza! —gritó el viejo.
       Un impulso irresistible le impedía esperar. Cargó con el cuerpo sobre la puerta y oyó la aldaba caer al piso. Ezequiel, pálido, aturdido, pretendía saltar por la ventana, pero Nicasio corrió hacia allá y le cerró el camino. El viejo sentía la ira arderle en la cabeza, y precisamente por eso no quería precipitarse. Miró a su hija; miró al hombre. Los dos estaban demacrados, con los labios exangües; los dos miraban hacia abajo. Nicasio se dirigió a Inés, y al hablar le parecía que estaba comiéndose sus propios dientes.
       —¡Perra! —dijo—. ¡En el catre de tu marío, perra!
       Ezequiel —un garabato en vez de un hombre— se fue corriendo pegado a la pared, hasta que llegó a la puerta; de pronto la cruzó y salió a saltos. Nicasio no se movió. Daba asco ese desgraciado, y a Nicasio le parecía un gusano comparado con Manuel. Inés empezó a llorar.
       —¡No llore, sinvergüenza! —gritó el viejo—. ¡Si la veo llorar, la mato!
       La veía y veía a la difunta. Su mayor dolor era que una hija de la difunta hiciera tal cosa. Le tentaba el deseo de levantar el machete y abrirle la cabeza. Sacudió el machete, casi al borde de usarlo. La hija se recogió hacia un rincón, con los ojos llenos de pavor.
       —¡Váyase antes que la mate! No quiero verla otra vé. No vuelva a ponerse ante mi vista. ¡Váyase! —decía Nicasio.
       Pegada a la pared, ella iba moviéndose lentamente, en dirección a la puerta. Miraba siempre al padre; le miraba con expresión de miedo. ¡Y era bonita la condenada, con su piel amarilla y su cabello castaño!
       Como Nicasio avanzaba sobre ella, Inés pensó que el camino más corto era hacia el patio. Pero el padre le conoció la intención.
       —¡Por esa puerta no! —dijo.
       Le parecía inconcebible que la hija viera a sus hijos. Era indigna de verlos después de lo que había hecho.
       Inés comenzó a temblar y a llorar.
       —Taita. . . Perdón, taita —musitaba.
       El viejo la tomó por un brazo y la condujo hacia la puerta que daba al camino; con la punta del machete levantó la aldaba y al mismo tiempo obligaba a Inés a avanzar. Cuando la hija estuvo en el vano de la puerta, la empujó y la maldijo.
       —¡Que ni en la muerte tenga reposo tu alma! —gritó.
       Vio a su hija lanzarse al agua, que corría arrastrando lodo, y a la lluvia que caía a torrentes, y sintió deseos de echarse sobre una silla a descansar, tal vez a dormir. Si hubiera sabido llorar lo hubiera hecho, aunque hubiera sido sólo con una lágrima. Pero se rehizo pronto, cruzó el bohío y salió hacia la cocina.
       —¡Liquito! —llamó—. Busque el burro y póngase pantalón, que se van pa casa conmigo Inesita y usté.
       Salieron bajo la lluvia. Nicasio iba detrás, arreando el asno y esforzándose en no pensar. Silenciosos, los niños se dejaban llevar sin preguntar a qué se debía el viaje.
       Fue al otro día por la mañana, al decir Magina que a pesar de sus prevenciones nada malo había ocurrido, cuando Nicasio se dio cuenta de que había habido desgracia en la familia.
       —Sí pasó —explicó mientras echaba maíz a las gallinas—. Se murió Inés ayer.
       —¿Cómo? —preguntó Magina llena de asombro—. ¿Y los muchachos? ¿Y Manuel?
       —Los muchachos vinieron conmigo anoche. Manuel ta pal pueblo en el entierro.
       La vieja parecía aturdida. Se cogía la cabeza con ambas manos.
       —¿Pero de qué murió? ¿Usté ha visto qué desgracia?
       Entonces Nicasio levantó la cara.
       —Vea Magina —dijo mientras miraba fijamente a la vieja—. Morirse no es desgracia. Hay cosas peores que morirse.
       Y alejó la mirada hacia las nubes que salían por detrás de las lomas, aquellas malditas nubes por las cuales había él llegado a la casa de Inés.
       —¿Peor que morirse? —preguntó Magina—. Que yo sepa, ninguna.
       —Sí —respondió lentamente Nicasio—. Saber es peor.
       Magina no entendió. Nicasio la miró un instante, con extraños ojos de loco, y ella pensó que los viejos, cuando se quedan solos en el mundo, se vuelven raros y difíciles de comprender.


https://www.youtube.com/watch?v=7MqAmvYvT3g 

Tesis de maestría en Lingüística  

Resumen

Esta investigación tiene como título: disponibilidad Léxica de los Estudiantes de 4to Grado del Nivel Medio del Politécnico San Pablo, Distrito 02-05 San Juan Este, Año Lectivo 2020-2021, se implementó la metodología bajo el enfoque mixto, un diseño no experimental, los tipos de estudios descriptivo, exploratorio y de campo, los métodos, inductivo-deductivo y estadístico, las técnicas fueron entrevista y la observación, la población está conformada por una docente y setenta y cuatro estudiantes del Nivel Medio. En sus conclusiones, en términos de la relación entre el género de los estudiantes y la educación de los padres, se destaca que un considerable 69% de las niñas cuentan con padres que poseen niveles de escolaridad desde técnico hasta postgrado. Esta particularidad sugiere que las niñas pueden estar en una posición más favorable para el desarrollo de habilidades lingüísticas. Sin embargo, esta percepción se ve matizada por datos controvertidos, dado que un sorprendente 82% de los padres son profesionales. Esta disonancia entre las expectativas y los datos reales es digna de atención y puede influir en cómo comprendemos estas dinámicas. En el contexto de teorías expertas, estas variaciones socioculturales efectivamente desempeñan un papel significativo en el desarrollo léxico de los estudiantes. La observación de que el léxico de cada individuo está profundamente arraigado en su entorno y en los conocimientos que adquiere de su medio social y cultural respalda la influencia clave de estas variables.

viernes, 5 de noviembre de 2021

Véngase Conmigo

 Véngase conmigo 


Que no es caricia de a ratos lo que busco

pues de ellas estoy cansa'o

Este corazón vacío 

La quiere por siempre a su la'o.


No se me haga la santica

que su pecado conozco bien 

a usté le gusta que le rueguen

cuando no hay papeletas de cien. 


Y yo sin paciencia ni dinero 

qué más le puedo ofrecé 

que el tambor de mi pecho 

y estos versos en papel. 


No lo piense y véngase conmigo 

Dios ya bendijo este matrimonio 

aunque yo sea muchacho de campo

Usté y yo son un bonito binomio.


Créale al cielo lo que digo 

que yo no miento ni por riqueza 

que el tiempo le demostrará 

que no sale usté de mi cabeza.


Hágale caso a mis palabras 

acompáñeme a caminá

falta un buen tramo por recorré

y sin usté no quiero está.


Hágase la loca y véngase conmigo

que como amigo yo no la quiero

quiero cubrila con mi lengua

¿sin su amor qué haría con esto?



viernes, 26 de marzo de 2021

Tu nombre

Eres casi irresistible 

no se qué diría la luna si pudiera hablarte

Tengo un calendario sin fechas especiales 

Para seis letras, espacio suficiente. 


Tengo también miles de latidos 

Vacantes todos esperando tu llegada 

Pon con tus labios tu nombre en mi piel

Yo a tus besos quiero pertenecer.


Haz que los ciegos vean que soy tuyo

Que el viento respire nuestra aroma

Que la luna sienta celos.


Déjame llevar tus huellas

Como destino tatuado en la las estrellas

Mis ojos no han visto otra tan bella.


Hagamos nuestra la semana

Déjame el miércoles para bajarte a viernes

Para hacerte un sábado, domingo y lunes.


Que dos vocales lleven tres consonantes 

Que contigo vaya algo de los dos

Y quizás voy rápido como el tiempo

Quizá no me designe enamorado

Pero tengo fiebre por vos.


Eliodoro Arnó 

"Todos los derechos reservados"

domingo, 21 de marzo de 2021

Se vende



Se vende un espacio cerquita de la luna
A un beso de distancia del cielo
A un revolcón del sofá 
A un te quiero en mi cama.

Un poema bajo la almohada se vende
Un corazón de tierra llana
Se venden dos con ganas de verte.

Se vende un charquito cundido en letras
Ubicado en el centro de mi corazón
Para besos, hecho de ganas
Para labios de mil mañanas.

Eliodoro Arnó 
"Todos los derechos reservados"

martes, 9 de marzo de 2021

El castigo


El que ama corrige, con este pretexto observé a una mujer de iglesia que castigaba física y verbalmente a su hijo en la calle por haber hurtado un juguete de su vecino. Al observar lo que sucedía intenté darle un consejo a la señora. 


Para ese entonces no había nacido mi primera hija y recuerdo que me preguntó que qué sabía yo si no había tenido hijo.


Pero usted no se ha muerto y habla de la vida eterna - le dije como réplica.


La doña se olvidó de que su problema era con el hijo y "se puso pa' mí" como diría coloquialmente un dominicano. Me dijo tantos insultos que lo último que escuché fue energúmeno.


Estoy seguro de que ese día Dios no se sintió bien con la irá de su sierva, aunque el muchacho sí, puesto que, cesó el castigo en ese momento.

Decálogo de pareja


1. No sabes cuánto me gustas, por tal razón imploro que cuando sientas que algo no funciona me lo digas a mí. La separación debe ser nuestra última opción, por eso vamos a olvidarnos, en un primer momento, de que existe.


2. Prefiero vivir en la soledad a compartirte con alguien más.


3. Nuestros problemas se solucionan en casa y cuando no sea así, estaré dispuesto a ir juntos a consultas con un profesional de la conducta. Mantengamos al margen la familia, ella nunca será imparcial y lo mismo va para los amigos.


4. No compartiré todo contigo; mis amigos son mis amigos y los tuyos son tuyos. Tú serás mi mejor amiga y yo tu mejor amigo, será un acto para fortalecer la confianza.


5. Los celos van a estar presente, pero no demos porqué a esto. No seremos dioses o santos, aún así elogiemos lo bueno de cada uno y ayudémonos a ser mejores.


6. Háblame cuando me veas en silencio, tócame para saber que estás ahí. Déjate querer, no te aisle. No llevemos nuestros problemas a la cama, inauguremos cada sueño mínimo con un beso en la mejilla.


7. No me rete, a veces me canso y hago lo que menos conviene. Además, puede que me obligues a irme y por orgullo no regrese.


8. El control de mis cosas jamás será una prueba de amor que debes exigir como un derecho. En consonancia con esto, prometo respetarte siempre.


9. Pondré todo de mi parte para que en nuestra relación haya más diálogo que discusiones.


10. Nuestro pasado será relevante para comprendernos, no para juzgarnos.


Eliodoro Arnó 

Todos los derechos reservados

CRÓNICA PUERTOPLATEÑA - Virginia Elena Ortea

  I Acabo de conocer, mis queridas lectoras, al protagonista de aquel trágico drama acaecido en la plaza principal de la villa de Moca en ...