El gallo de la pasión
Me llamo Jolozaín y soy campesino.
Nací en un lugar de Judea del cual no recuerdo ni el bendito nombre. Nosotros,
los de Judea, somos así, no nos interesan los nombres. Mi abuelo era también
campesino, y mi tía y mi madre, y el perro y una burra, y no sé cuantos más. No
recuerdo que hayamos vivido mucho en la ciudad. Mi padre le decía a todo, todo,
todo el mundo que soy como idiota, como que idiota, miren eso... como que
idiota, ja, pero eso es mentira, no soy ni mucho idiota, ni tanto idiota, ni
soy tanto bobo como se creen muchos, ja. Mi tío-no recuerdo el nombre de mi
tío- sí que era idiota. Se comía los higos verdes y le mordía el rabo a las
burras. Murió de una patada entre la boca, una patada grande como un melón que
lo levantó del suelo y lo hizo volar por los aires, hacia arriba, sí, hacia
arriba. En toda mi vida no recuerdo a otro que no haya volado hacia arriba,
todos vuelan hacia arriba. Como les iba diciendo me llamo Jolozain; Jolozaín
quiere decir muchísimas cosas. Madre me las explicó un día, pero a mí se me
olvidan demasiado las explicaciones así es que no puedo explicárselas a
ustedes... Yo tenía un gallo. Un gallo sin plumas en la cola porque mi hermana,
que según dicen no es tan idiota como yo, se las arrancaba para rascarse muy
por adentro. Mi madre le decía que eso de rascarse los oídos muy por adentro –por
adentrísimo, por adeeentriiiísimo, por adentrisísísisimo–, que eso de rascarse
los oídos muy por ahí era peligroso, pero mi hermana se enviciaba en eso de
rascarse los oídos muy por adentrísimo y ya no se conformaba con una pluma,
sino que se metía en los oídos muy por adentro un pedacito de madera. Tanto se
rascó que un día se quedó sordísima. Ella dice que Yavé la ha dejado sorda, pero
que puede oír los ángeles cuando cantan, y bailan, y tocan sus trompetas. Ella
dice que los ángeles gritan y vocean por las noches por detrás del desierto y
que los lobos se arrodillan y conversan. Pero eso no es verdad. Ella es sorda y
yo dizque soy idiota, pero eso no es verdad. El gallo que yo tenía no era el de
la casa de los pretores. Ese gallo de la casa de los pretores era de un soldado
llamado Rómulo y ese gallo de la casa de los pretores y de un soldado llamado
Rómulo era más inteligente que el mío, decían los guardias que hasta era más
inteligente que yo, ja, cosa que dudo, porque a pesar de que dizque soy un
tonto yo sé bien que tengo mucha inteligencia. Cuando yo hablaba con el agua
del pozo, allá en mi campo de Judea, todo el mundo decía que yo estaba loco;
pero no es tan verdad. Yo prefiero hablar con el pozo porque uno lanza una
palabra hacia adentro del pozo y el pozo le responde a uno mismo con la misma
palabra y la misma palabra y la mismita palabra. Pero –ya tengo mi experiencia–,
pero resulta que, si uno habla con otra persona que no es uno, esa persona entonces
no es como el pozo, esa persona le responde a uno insultándolo... Yo digo mi
verdad: quiero más al pozo que a las gentes.
Como les iba diciendo me llamo
Jolozaín y dicen que soy idiota. Aquí todo el que se calla mucho parece idiota.
Mi tío murió de una patada en la boca que le dio una mula a la que él le mordió
el rabo. Porque mi tío -el idiota- se dedicaba a eso de morderle los rabos a
las burras y a las mulas. No sé qué sabor puede tener un rabo. Pero mi tío-que
era idiota- tenía las malas mañas de hacer eso y un día, zas, ja, la mula lo
pateó y le rompió la boca. Las mulas por aquí son un poco salvajes y tienen las
orejas gachas. Unos pajaritos del desierto se les posan sobre el tronco del rabo
y ellas patean. Si no se hubiera muerto de eso-mi tío- quizás hubiera dejado de
morder el rabo de los animales. Él se envició mucho y Yavé no quiere vicios,
ja. Comenzó con los gatos y los perros, comenzó con los cerdos y las cabras,
comenzó con todo eso y hasta con mi gallo quiso comenzar y no se lo permití,
pero cuando llegó a la burra, zas, el golpe. Voló hacia arriba y luego cayó sin
dientes y sin nariz y hasta sin... (un momento, pregunto, ¿María, cayó sin
cabeza o con cabeza?, el tío, siií, el tío) y hasta sin cabeza. Yo digo que la
mula le dio por la boca porque la mula salió luego corriendo como si temiera
que él dijese alguna maldición. Todo el mundo temía las maldiciones de mi tío.
Salió corriendo así. Eso se me ocurre. Fui llorando donde mi madre y le dije
que la mula había matado a mi tío. Lo recogieron y a mí me dieron muchos
leñazos por permitir que mi tío le mordiese el rabo a las burras. Quise decir
que también a mi gallo, que quiso morder mi gallo -que no es el de la casa de
los pretores; "pero si él era idiota", dije. "Sí, pero tú eres
menos idiota que él", me contestaron. Yo me puse muy contento porque se
habían dado cuenta de que yo no era tan idiota. Entonces fue cuando me sentí
muy triste de tenía otro haberme puesto contento. Me sentí triste porque como
mi tío era el más idiota yo podía parecer menos idiota; pero ahora yo soy el único
idiota. Como les iba diciendo yo tenía un gallo y Rómulo gallo. Mi gallo era
mudo. Mi madre decía que yo lo asustaba tanto con mis cosas que el pobre
animalito de Yavé se había tenido que quedar mudo. Así era mi gallo. Mudo. Un
día los ratones le comieron un ala y el gallo ni gimió ni nada. Mudo. Otro día
una hija de la hermana de mi madre le dio un golpe en la rabadilla, siendo
sábado, además, y el gallo ni lloró ni nada, ja.
Mudo. No sé cómo cantaría ese
gallo. No sé cómo se las arreglaría para cantar. Yo tenía mi gallo y Rómulo
tenía su gallo. Los dos teníamos un gallo de cada uno, es decir dos gallos.
Entonces un día yo le lancé una piedra a una rata que vivía cerca de un
basurero donde Rómulo -el de la casa de los pretores- amarraba su gallo, y la
piedra en vez de darle a la rata le dio al gallo de Rómulo, y como que Rómulo
era de los romanos y era muy bravo, yo me puse muy apesadumbrado, triste y
miedoso. Le dijeron a Rómulo lo del gallo, y Rómulo me llamó y me dijo que por
ser tan idiota no me hacía tragarme vivo, vivito, el malditísimo gallo, pero
que le fuera buscando un gallo, porque si no se lo buscaba me cortaría la
cabeza. Yo me puse muy triste y pensé que sin cabeza no podía servir para nada.
Recordaba lo de mi tío, allí sin cabeza, no sirviendo ya para nada. Recordaba a
mi madre ya Yavé, oraba para que Rómulo no me dejase sin cabeza. Entonces me
dijo mi madre que sin cabeza nadie puede vivir, y me puse triste, muy triste.
Cogí mi gallo debajo del sobaco y se lo llevé a Rómulo. Cuando vio que le
faltaba un ala y tenía la rabadilla hinchada -desde el día del golpe en la
rabadilla- y que no tenía plumas en la cola, Rómulo se puso furioso y me dijo
que le buscara otro, porque ese no servía. Le dije que mi gallo era mudo
también. Y esto se lo dije como por ver si me lo devolvía disgustado por los
tantos remiendos que tenía mi animalito de Yavé. Me dijo que lo dejara ahí
amarrado hasta que encontrara el gallo mejor. Que él tenía una gallina, pero
que no le iba a soltar un gallo mudo, y manco, y jorobado y bolo. Me dijo que
eso no era ni gallo ni nada, ni gallo ni... y me dijo también muchas palabrotas
y se ensució en mi familia y en todo, y se enfadó y volvió a enfadarse mucho.
Me dijo que lo dejara amarrado ahí. Como yo quería tanto mi gallo me puse
triste. Madre me dijo que me quedara a cuidarlo allá donde hacía servicio
Rómulo. Yo me quedé. Ese día fue cuando vino un hombre y me dijo que quitara el
gallo de ahí, que no quería ver más ese gallo ahí. Yo le contesté que ese gallo
casi no era mío y que casi era de Rómulo y que él tenía que hablar con Rómulo.
Había mucho barullo y habían soltado unos ladrones. Entonces oí que otro le
dijo "Pedro ven". Y se fueron. Cuando el hombre que se llamaba así se
fue trajeron a otro, parecía también ladrón, le dieron una paliza como la que
me dieron a mí cuando dejé que la burra lanzara las patadas a mi tío el idiota.
Lo único es que a mí no me pusieron espinas en la cabeza, ni me clavaron un
cerco de clavos en la frente como si fuese un turbante. A mí no. Rómulo, que
venía con el hombre y que lo traía, me miró como quien amenaza si no le buscan
el gallo que quiere. Entonces el gallo, que era mudo, comenzó a cantar como un
condenado. Como un condenado el malditísimo gallo. Canta y canta y canta y
canta Y vino Rómulo y me dijo que como el gallo se estaba sanando él se
quedaría más tiempo con él.
Le dejé ahí el gallo y como me
había acostumbrado ya a vivir sin él no volví más por ese lugar.
Un día Madre me mandó a llevar una
jarra de leche por un camino hacia abajo y me encontré a Rómulo. Entonces quise
esconderme y corrí hacia más abajo. Rómulo se reía de mí y cuando me vio correr
se levantó y me dio cuatro voces.
Jolozain-
Jolozaín
Jolozaín
Jolozaín―
Se paró y vino a toda marcha y yo
pensaba en mi tío y en mi madre y en mi hermana y pensaba y en todo el mal que
había hecho y en el castigo de Yavé para con los embusteros y ladrones...
Corría y la leche se salía de la jarra y se volvía a salir, los pastores se
reían y ya sabía yo que Rómulo me mataría con su espada larga y con su lanza...
ay, ay... Jolozaín, Jolozaín, camino abajo, se me llenaba la boca de esa espuma
que ustedes saben que sale por la boca con el miedo empujándole a uno...
Jolozaín, Jolozaín... Ay que mi tío y mi madre no sabrían nada de esto y que
prefería yo la patada de la burra a la lanza de Rómulo, y camino abajo y camino
arriba y la gente mirando y yo corriendo y la gritería (Yavé es mi pastory nada
me ha de faltar y en lugar de pastos delicados me hará yacer, confortará mi
alma y me guiará por sendas de justicia... ay no dará tu pie en resbaladero ni
se dormirá el que te guarda -Yavé es tu escudo, tu defensa, tu mano derecha...
y oigo esas pasos fuertes, esos pasos de Rómulo bienaventurado el varón que no
anduvo entre las reuniones de los malos, ni en silla de escarnecedores se ha
sentado, en la ley de Yavé está su delicia y en esa ley medita de día y de
noche, y será como el árbol plantado junto a arroyo de aguas... ay, ay.
Jolozaín, Jolozain, tengo que hablarte, tengo que hablarte... Y me detengo...
Rómulo tiene sudores grandes y yo mucho miedo) la gritería, ay, gritan... Pobre
tío. Rómulo se me acerca, pobre idiota de mí con la leche de mi madre por el
suelo y sin gallo y sin nada de nada y con la muerte cerca muy cerca y con mis
oraciones aquí junto al corazón como el rey David... ay.
Rómulo me haló por el brazo y le
pedía yo perdón, no quise matar su gallo sino la rata, ni quise perder mi pobre
animalito de Yavé... ay. Que me comienza a decir que no llore tanto, que
estamos hasta en paz porque al gallo, que era mudo, le habían crecido las
plumas de la cola, y hasta el ala que le faltaba, que seguía cantando y que ya
ni la joroba tenía... Yo le dije que sí –ni tan idiota soy-. Se cree Rómulo que
soy tan bobo como mi tío... Un gallo puede cantar, pero después que las ratas
le comen el ala ésta no le sale nunca jamás. Se lo pregunté a mi madre y ella
me lo dijo: el ala no sale nunca jamás.
Marcio
Veloz Maggiolo
(1936-2021)