SOR DE MOCA…
Dice un adagio que "a cada puerco le llega su San
Martín" o que "a cada santo le toca su día".
Y así es en todos los órdenes.
Nadie debe reírse de la desgracia de nadie, porque nadie
sabe cuándo le toca al otro reírse del que de él se ríe ahora.
Lo mismo:
Nadie en la desgracia se desespere por la felicidad de otro,
porque no se sabe cuándo el feliz de ahora, debatiéndose en medio de la
desgracia, tendrá que envidiar al que por desgraciado despreció ayer.
Eso no es más que filosofía, impepinable.
Porque así ha sido, es y sigue siendo.
En la política ocurre lo mismo que ocurre en todos los
órdenes de la vida.
Al que ayer vimos orondamente pasear en la cima del bienestar
político, hoy lo vemos, cabizbajo, astroso, lacrimoso y acobardado, caminando
de prisa y como quien teme a las miradas de los demás.
Y viceversa:
El que ayer fue un derrotado en todos los órdenes, el que ayer
no tenía qué comer, ni qué vestir, y tenía que ir por las calles pidiendo
cigarrillos, con el calzado muriéndose de risa y enseñando como lengua el dedo
grande del pie, ahora lo vemos en carro "pescuezo largo", y teniendo
en sus manos, aún flácidas y temblorosas por las miserias pasadas, todos los
medios del buen vivir.
Por eso es que se dice, en medio de todas las desgracias, la
gran frase del optimismo: "No hay que apurarse" agregando aquella
gran exclamación: ¡quién sabe!...
Los pueblos, por ejemplo, se quejan muchas veces de los gobiernos
que los han tenido en completo abandono mientras otros han sido objeto de todas
las atenciones oficiales.
Por ejemplo, en el Gobierno de Horacio Vásquez, Moca y San
José de las Matas fueron pueblos favoritos.
Para Moca y para San José de las Matas hubo de todo. El tren
de empleados públicos era en su mayoría mocano y para San José de las Matas
hubo todo el adelanto apetecible para una aldea de su categoría.
Los mocanos llenaban todas las oficinas públicas de la
Capital y gran parte de las otras ciudades.
De ahí que no había mejor recomendación para adquirir un
destino público que repetir la célebre frase: Sor de Moca.
Nos recordamos de que una vez desembarcó en Santo Domingo un
vegano que había pasado más de seis años en el extranjero.
Al llegar y encontrarse con tantos mocanos, en el muelle, en
el hotel, en el restorán, en el parque Colón, en el teatro, y como todos eran
viejos conocidos suyos, y como el recién llegado ignoraba que se trataba de un
gobierno favorable a los mocanos, llegó un momento en que dudaba de encontrarse
en la Capital, y para salir de su duda le preguntó a uno:
-Oye viejo, y perdona, pero como tú sabes, uno se va al extranjero
y cuando vuelve lo halla todo cambiado, así es que tú me vas a hacer el favor
de decirme si la Capital la mudaron a Moca.
Y el preguntado fue más ocurrente porque contestó:
-No, lo que pasa es que a Moca la mudaron para la Capital.
Y así las cosas, hasta que cayó Horacio Vásquez.
Con la ida de Fellito Estrella Ureña al poder, le llegó a
Santiago su San Martín, o sea, le tocó su día.
Ahora los santiagueros están en alza. La Capital fue desalo
jada por los mocanos para dejarles el puesto a los santiagueros y por todos los
confines de la República está la semilla del santiaguerismo regada. "Sor
de Santiago" es ahora la frase victoriosa.
Pero como los navarreteros no son ningunos tontos, y como ellos
también son santiagueses, puesto que también ellos son de Santiago, tienen
perfecto derecho a reclamar su parte.
Y a ellos les ha tocado la Policía Municipal y el Cuerpo de Serenos
de esta ciudad. Para ser policía o para ser sereno, no hay nada más efectivo
que decir:
-Yo taba con la revolución, poique como yo no soy ma que
Fellito Etrella, y ademá, como yo sor de Navarrete...
-¿Usted es de Navarrete?
-¡Que si soy!... Mi papá e de Barrancón, mi mamá e de Pontón,
yo nací en El Aguacate y mi padrino son del mismo pueblo e Navarrete... Adió,
si usted quie sabei ma detalle, pregúnteselo a Juan Caridá y a Cholo, que son
mismamente como familia mía...
-No hay que hablar más; secretario, anote a este para
sereno... porque es del campo, si hubiera nacido en el pueblo, fuera policía.
Uno que oyó ese detalle alegó: yo nací frente a frente a la iglesia
y me crie, como quien dice, en la tienda de don Ricaido
Canaida y na meno don Elía, que en pa descanse, jue mi
padrino, por eso era que mi papá y él eran compadre e sacramento...
-No hable más... ¿Cómo se llama usted?
-Yo... ¿yo mismo?...
--Si, usted mismo...
-Yo me ñamo Cayetano e la Cruz, pero a mí como me
conocen en to Navarrete e como Tano... Pue preguntáiselo a Juan
Carida...
-Secretario, anote a ese hombre como sargento primero...
Agustín
Aybar
(1902-1959)
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