miércoles, 22 de abril de 2026

LA FUERZA ANIQUILADA - Aída Cartagena Portalatín

 

LA FUERZA ANIQUILADA

 

¡Ayayay, tía!, llegó Prebis con los dominicanos ausentes. Un avión de Nuevayork la trajo para pasar las navidades, ¡si la vieras!, vestida como Barajita la de la capital o la Comaisita de La Vega, collares sobre collares, pulsas y más pulsas, además, una peluca rubia. Y lo que sacaron esta mañana del carro es para perder la cuenta: diez maletas, cuatro cajas, flores de papel y dos muñecas. Y qué, ¿no te preguntó por mí? Ese nombre americano de Prebis es una mentecatería de mi comadre Prebisteria Sánchez, y lo que tú dices que la pone tan fisquibis es una manera de creer que le va a dar changüí a todos los de Guaco. Fran-Francisco, no me interesa, pero dime: ¿Qué otra cosa viste? Tía-madrina, no hablé con ella, al ratito llegó un ingeniero o arquitecto con una funda muy grande llenita de papeletas de nosotros para cambiárselas por las de los americanos. Ayayay, tía, ¡cuántos billetes!

Las noticias de Fran-Francisco corrieron por todo el campo. Y llegaron para verla los vecinos, los hermanos, los compadres, los amigos, etc., etc. La Prebis fue la nota social durante aquellas navidades. Ya Prebisteria no lavaba por paga, ya Prebisteria no planchaba por paga, ya Prebisteria no se acostaba por paga, ahora Prebisteria se encontraba zaratacos a los vecinos de Guaco.

Sin embargo, felizmente para ella, a los tres días apareció por su casa, para verla y recordar, Andrejulio. Este se apoderó de Prebisteria y de un radio de transistores que ella compró para su hija. El radio los unió más, oían las estaciones de la república, con preferencia las de la capital, y por onda larga las de Aruba o de Bucaramanga, y gozaban sobre un catre los programas de peticiones. La Prebis dijo que era fan de la Montiel.

Y el sargento Valenzuela hizo que le dedicaran "Bésame mucho" cantado por Sarita Montiel, y si no había interferencias, a

Andrejulio le interesaba oír las verdades que decía Fidel desde

La Habana. Cuatro días después ella encargó, como el que tenía en Nuevayork, un box-spring, y claro, claro, jayayay, tía, qué lujo! Botaron el catre de tijera, y, claro, claro, se hizo más confortable el sueño, oír la radio y alargar las conversaciones, etc., etc., pero ella no estaba tan feliz porque para eso yo trabajo overtime y ahora eso de que mi hija no viva aquí no tiene perdón, y las tantas cosas que le traje a mi Calandria y a sus hijos, y los de aquí se regustan diciéndome que baila en un cabaret de la capital. Creo que hice mal dejándola sin bautizar. Cosas del demonio, quién sabe. Todo fue como un relámpago, el cura tomó el hisopo lleno de agua bendita en una mano y en la otra el boleto del civil, te dije que fue como un relámpago, le tiró el boleto a mi compadre y mirándonos con ojos de cuyaya vieja, gritó: eso no es de gente, y la dejó sin bautizar. El cura se sintió ofendido con el nombre: Calandria era nombre de pájaro, no de gente, ni estaba en el almanaque.

Calandria. Por ella había hecho esos sacrificios de trabajar overtime para venir, para traerle de todo. Algo conmovido, Andrejulio la invitó a que viajaran a la capital. ¡Ayayay, tía, qué fracaso! El chófer volvió al volante seis veces después que los polis de carretera registraban el equipaje, y tanto él como Andrés le explicaban que la Prebis no tenía cédula al día porque residía en Nuevayork. ¡Andrés, Andrés, Andrejulio, cómo me trata la vida! Aquellos madrugones para no caer en el troubel, que es como si majaran o te quitaran el aire, y en el coche bajo tierra agarrada a una correa camino de la manufactura, y hasta tres docenas de sábanas diarias para la Canón, y si son fundas hasta seis docenas, y cuando termino me levanto y cierro la máquina y pienso que voy a desplomarme, pero, Andrés, money, very mucho dinero, y de regreso tú y la Calandria en mi pensamiento, esa hija que sacó algo de mí, ¿me recuerdas, Andrejulio, antes de gastarme así y perder mi lozanía?, ¿recuerdas, Andrés, lo que me pasó contigo en el barranco?, a veces creo que tengo un libro de registro en la cabeza, ¿dónde se va todo ahora? Ay, hijo del alma, las penas me van apagando y gastando el cuerpo y la Calandria bailando en un cabaret, y tú más indiferente ahora, solo te quedas media noche en el spring por temor a esa otra que te pare los hijos, o por miedo a la guerrilla con que asustan radios y periódicos, y pensar que dentro de diez días tengo que tomar el avión, ay, Andrés, ese avión para quí parallá y subebaja a lo loco y yo con el cuerpo tan adolorido y los huesos que pensaba iban a decacararse.

Andrejulio cumplió la promesa y llegaron a la capital, era tan difícil llegar a Villa Duarte como en los días de la revolución. Allí estaba el cabaret donde bailaba Calandria, allí una amiga le cuidaba los muchachos, allí, allí... Y aquello de Andrés no dejan pasar, Andrés yo quiero pasar, Andrés, mi hija. Pero vino un poli y otro poli y otro poli y la gente fue retrocediendo. La Prebis hizo una señal al que tenía más rayas, le pasó diez pesos de regalo y el paquete con la dirección: Llévele todo eso a Calandria. Los trajes son para ella y los jerséis para los niños. Dígales que nos veremos el año que viene, aunque tenga que venir nadando.

Cuando regresaron a Guaco la radio de trans le aclaró lo de los registros y lo del cierre de Villa Duarte. El noticiero lo explicaba claro: "Por la mañana hubo detonaciones cerca de Puente Seco, próximo al farallón, donde un regimiento completo atrapó a Amaury. Luego, a las 10, en la Duarte arriba, cayó el Tuerto, presunto miembro de una banda de atracadores". ¡Ayayay, tía, qué viaje más, más...!

La Prebis resolvió no volver, en su país tenían que poner orden los americanos, tenían que dirigirlo todo los americanos. ¡Tía, ayayay qué loca! Pero tres años después, gastada fisicamente por el trabajo, calor o no, lluvia o no, nieve o no, lava, plancha, corre, cocina, el troubel, etc., víctima de una depresión nerviosa la devolvieron a su país. A ella que había gas tado todas sus fuerzas en la manufactura de los americanos. ¡Ayayay, tía, "remember" te mandó Prebisteria Sánchez!

 

Aída Cartagena Portalatín

(1918-1994)

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

LA FUERZA ANIQUILADA - Aída Cartagena Portalatín

  LA FUERZA ANIQUILADA   ¡Ayayay, tía!, llegó Prebis con los dominicanos ausentes. Un avión de Nuevayork la trajo para pasar las navida...