LA FUERZA ANIQUILADA
¡Ayayay, tía!, llegó Prebis con los dominicanos ausentes. Un
avión de Nuevayork la trajo para pasar las navidades, ¡si la vieras!, vestida
como Barajita la de la capital o la Comaisita de La Vega, collares sobre
collares, pulsas y más pulsas, además, una peluca rubia. Y lo que sacaron esta
mañana del carro es para perder la cuenta: diez maletas, cuatro cajas, flores
de papel y dos muñecas. Y qué, ¿no te preguntó por mí? Ese nombre americano de
Prebis es una mentecatería de mi comadre Prebisteria Sánchez, y lo que tú dices
que la pone tan fisquibis es una manera de creer que le va a dar changüí a
todos los de Guaco. Fran-Francisco, no me interesa, pero dime: ¿Qué otra cosa viste?
Tía-madrina, no hablé con ella, al ratito llegó un ingeniero o arquitecto con
una funda muy grande llenita de papeletas de nosotros para cambiárselas por las
de los americanos. Ayayay, tía, ¡cuántos billetes!
Las noticias de Fran-Francisco corrieron por todo el campo.
Y llegaron para verla los vecinos, los hermanos, los compadres, los amigos,
etc., etc. La Prebis fue la nota social durante aquellas navidades. Ya
Prebisteria no lavaba por paga, ya Prebisteria no planchaba por paga, ya
Prebisteria no se acostaba por paga, ahora Prebisteria se encontraba zaratacos
a los vecinos de Guaco.
Sin embargo, felizmente para ella, a los tres días apareció por
su casa, para verla y recordar, Andrejulio. Este se apoderó de Prebisteria y de
un radio de transistores que ella compró para su hija. El radio los unió más, oían
las estaciones de la república, con preferencia las de la capital, y por onda
larga las de Aruba o de Bucaramanga, y gozaban sobre un catre los programas de
peticiones. La Prebis dijo que era fan de la Montiel.
Y el sargento Valenzuela hizo que le dedicaran "Bésame
mucho" cantado por Sarita Montiel, y si no había interferencias, a
Andrejulio le interesaba oír las verdades que decía Fidel
desde
La Habana. Cuatro días después ella encargó, como el que
tenía en Nuevayork, un box-spring, y claro, claro, jayayay, tía, qué lujo!
Botaron el catre de tijera, y, claro, claro, se hizo más confortable el sueño,
oír la radio y alargar las conversaciones, etc., etc., pero ella no estaba tan
feliz porque para eso yo trabajo overtime y ahora eso de que mi hija no viva
aquí no tiene perdón, y las tantas cosas que le traje a mi Calandria y a sus
hijos, y los de aquí se regustan diciéndome que baila en un cabaret de la
capital. Creo que hice mal dejándola sin bautizar. Cosas del demonio, quién
sabe. Todo fue como un relámpago, el cura tomó el hisopo lleno de agua bendita
en una mano y en la otra el boleto del civil, te dije que fue como un
relámpago, le tiró el boleto a mi compadre y mirándonos con ojos de cuyaya
vieja, gritó: eso no es de gente, y la dejó sin bautizar. El cura se sintió ofendido
con el nombre: Calandria era nombre de pájaro, no de gente, ni estaba en el
almanaque.
Calandria. Por ella había hecho esos sacrificios de trabajar
overtime para venir, para traerle de todo. Algo conmovido, Andrejulio la invitó
a que viajaran a la capital. ¡Ayayay, tía, qué fracaso! El chófer volvió al
volante seis veces después que los polis de carretera registraban el equipaje,
y tanto él como Andrés le explicaban que la Prebis no tenía cédula al día
porque residía en Nuevayork. ¡Andrés, Andrés, Andrejulio, cómo me trata la
vida! Aquellos madrugones para no caer en el troubel, que es como si majaran o
te quitaran el aire, y en el coche bajo tierra agarrada a una correa camino de
la manufactura, y hasta tres docenas de sábanas diarias para la Canón, y si son
fundas hasta seis docenas, y cuando termino me levanto y cierro la máquina y
pienso que voy a desplomarme, pero, Andrés, money, very mucho dinero, y de
regreso tú y la Calandria en mi pensamiento, esa hija que sacó algo de mí, ¿me
recuerdas, Andrejulio, antes de gastarme así y perder mi lozanía?, ¿recuerdas, Andrés,
lo que me pasó contigo en el barranco?, a veces creo que tengo un libro de
registro en la cabeza, ¿dónde se va todo ahora? Ay, hijo del alma, las penas me
van apagando y gastando el cuerpo y la Calandria bailando en un cabaret, y tú
más indiferente ahora, solo te quedas media noche en el spring por temor a esa
otra que te pare los hijos, o por miedo a la guerrilla con que asustan radios y
periódicos, y pensar que dentro de diez días tengo que tomar el avión, ay,
Andrés, ese avión para quí parallá y subebaja a lo loco y yo con el cuerpo tan
adolorido y los huesos que pensaba iban a decacararse.
Andrejulio cumplió la promesa y llegaron a la capital, era tan
difícil llegar a Villa Duarte como en los días de la revolución. Allí estaba el
cabaret donde bailaba Calandria, allí una amiga le cuidaba los muchachos, allí,
allí... Y aquello de Andrés no dejan pasar, Andrés yo quiero pasar, Andrés, mi
hija. Pero vino un poli y otro poli y otro poli y la gente fue retrocediendo.
La Prebis hizo una señal al que tenía más rayas, le pasó diez pesos de regalo y
el paquete con la dirección: Llévele todo eso a Calandria. Los trajes son para
ella y los jerséis para los niños. Dígales que nos veremos el año que viene,
aunque tenga que venir nadando.
Cuando regresaron a Guaco la radio de trans le aclaró lo de los
registros y lo del cierre de Villa Duarte. El noticiero lo explicaba claro:
"Por la mañana hubo detonaciones cerca de Puente Seco, próximo al
farallón, donde un regimiento completo atrapó a Amaury. Luego, a las 10, en la
Duarte arriba, cayó el Tuerto, presunto miembro de una banda de
atracadores". ¡Ayayay, tía, qué viaje más, más...!
La Prebis resolvió no volver, en su país tenían que poner orden
los americanos, tenían que dirigirlo todo los americanos. ¡Tía, ayayay qué
loca! Pero tres años después, gastada fisicamente por el trabajo, calor o no,
lluvia o no, nieve o no, lava, plancha, corre, cocina, el troubel, etc.,
víctima de una depresión nerviosa la devolvieron a su país. A ella que había
gas tado todas sus fuerzas en la manufactura de los americanos. ¡Ayayay, tía,
"remember" te mandó Prebisteria Sánchez!
Aída
Cartagena Portalatín
(1918-1994)
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